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Las enseñanzas de Don Juan Talega

Foto: Dibujo de Juan Valdés

09 / 13 / 2017

Juan Talega fue tratante de ganados. Como su padre. Y el padre de su padre. Aquellos tratantes tenían “el don de la palabra”. Desde niño aprendían un castellano bastante culto, muy por encima de la norma. Los tratantes de ganado alternaban con militares, ganaderos y aristócratas… Eran el segundo escalón de la aristocracia gitana, después de los fragüeros, que empatizaban con el temple del hierro.

En aquella época, años sesenta, Juan Talega impartía clases de flamenco para extranjeros en aquel conservatorio que fue el Cortijo Espartero, de Morón de la Frontera. Paraban por allí Diego del Gastor, Fernanda, Perrate, Joselero, Amparo y María Torre, Manolito el de María, Ansonini, Paco Valdepeñas… y, por supuesto, en autor de estos avisos para navegantes, el señor Don Juan Talega, último eslabón de una genial dinastía de gitanos cantaores.

Las enseñanzas de Don Juan Talega

Con esta enseñanzas, de fondo, quisiéramos analizar algunos de los aspectos fundamentales del arte flamenco: la métrica, el territorio de origen, los estilos básicos y los creadores más importantes. Iniciamos nuestra história a mediados del siglo XIX.

Así habló Juan Talega:

Reniego, yo reniego,

Reniego de ti…”

Es de Cagancho…

 “como reniego

hasta de la hora

en que te conocí…”

 

¡Que cante más bueno! Ahora el segundo, otro…

 “Dios mandó el remedio

Dios mandó el remedio

pa este mal mío

 y el de mi compañera

que yo no lo encuentro”

 

Diego, cago en Dios, que tó el mundo que salía cantando, salía cantando el “Reniego” del Tio Manué.

Decía El Señorito. El Señorito era un gitano que había ahí, mu guapo. Y su mare era ditera. Su pare había sío carnicero. Y tenía tres o cuatro o cinco casas, y le decían El Señorito porque su mare era ditera, en fín que le decían El Señorito, cago en Dios, cantaba que quitaba el sentío El Señorito. Y El Señorito decía: los mejores cantes que existen en el mundo son los de Triana. Yo me vuelvo loco con los cantes de Triana, pero llega un momento, a las seis horas, o cuatro horas, que está uno más harto del cante de Triana que que… mu pesao, mu pesao – Claro, vienen los cantes de El Puerto con alegría. Los cantes del Marrurro… Son más alegres los cantes de los Puertos y se hicieron mas populares porque tenían unas alegrías… El Marrurro murió a últimos o a medios del siglo pasao, murió.

 

Dame tu la limosna,

dámela por Dios

porque yo vengo, vengo yo herío

del mal del amor.

 

¡No pesa ná ese cante! Esos cantes pesan mucho. Luego tiene Cagancho dos o tres cantes….

 

Mira que vergüenza

Me haces pasar

pidiendo limosna de puerta en puerta

pa tu libertá.

 

Yo oí cantar a un hermano de Cagancho, el Rubio Cagancho, que le decían el Titi, con una voz mu chica, bronca. Y luego escuché cantar a un compadre que tenía que le decían Noriega. Yo he cantao mucho en Triana porque yo venía mucho a Triana. Donde yo me juntaba había unos gitaninillos que me invitaban a toas las bodas y bautizos. Luego, cuando ya fui mayor me juntaba con mi compadre Rufino y mi comare Esperanza que cantaba que te quitaba las tapaeras del sentío. Y era to el bullicio del cante: Antonio de la Martia, un primo hermano del Tio Manuel Cagancho que le decían Sacramento, que era el abuelo del Bengala, el Señorito….

Porque el cante de Triana llegaba un momento que se ponía mú pesao, porque pesa mucho el cante de Triana. Por eso Joaquín el de la Paula cantaba mucho los cantes de El Puerto. Y te dá alegría. Mueve las notas…

¿Tu sabes quien cantaba mu bien los cantes del Marrurro?. No tenía fuerza pero los cantaba mu bien, los traía trillaos, mu trillaos… Juanito Hambre, un muchacho que había en Jerez que se puso mu malo de la garganta. El Marrurro tenía dos o tres cantes, porque esos cantes lo mismo se estiran que se acortan. Manuel Torre hizo del cante del Marrurro…

“Yo no se porque fue, ni porque lo era…” Era del Marrurro pero Manuel Torre lo entretenía y lo elevaba en los ayes… To esos cantes, el de Paco la Luz, Joaquín la Cherna, el Marrurro… To esos cantes los cantaba Manuel Molina. Los movía y los enseñó. No cantaba ná de Triana… hombre no hacía ná mas de Triana que el remate de “Santiago y Santa Ana”, el cante de Curro Dulce, porque el “Santiago y Santa Ana” de Manuel Torre no ha podío cantarlo nadie.

 

Eran los dias señalaitos

de Santiago y Santa Ana.

Yo le he pedío a mi Dios           

que le aliviara esas grandes duquelas

 a mi corazón”…

 

Triana y Jerez. Según las enseñanzas de Juan Talega, en Triana está el origen de los cantes mas antiguos: las tonás, deblas, martinetes, carceleras… Todos cantes “a capella” pero con una estructura rítmica inalterable basada en una alternancia de compases binarios y ternarios en una amalgama de doce tiempos que en el caso de los cantes primitivos se inicia con tres compases de dos por cuatro (2/4), seguidos de dos compases de tres por cuatro (3/4). La fórmula inalterable de las tonás sería: 2/4, 2/4, 2/4, 3//4, 3/4.

¿De donde procede este ritmo alterno? Puede que no sea fácil adivinarlo. Por eso recurrimos a la intuición y a las escasas pistas que una larga vida de aficionado nos han puesto en el camino. Recuerdo una secuencia del documental “Latcho Drom” del director gitano Tony Gatlif. Al comienzo de su egira desde el norte de la India los gitanos transitan por el desierto de Rajastan. La película recoge una secuencia actual en ese desierto en la que un gitano fragüero machaca una pieza de hierro sobre un yunque. Aparentemente el ritmo del martillo es el mismo de las tonás y martinetes trianeros: 2/4, 2/4, 2/4, 3/4, 3/4.

Llegados a este punto tenemos que incorporar a esta hipótesis sobre el ritmo flamenco el hecho de que los gitanos encontraron en España bastantes bailes de nuestro folclore compuestos en doce tiempos, como la zarabanda, las jacaras, zarambeques, etc.

Un ritmo de doce tiempos que alterna compases binarios y ternarios no es ni fácil ni mucho menos popular, aunque las jácaras y zarabandas del siglo XVI ya lo utilizaban. Algunas ragas indias desarrollan ritmos de doce, veinticuatro y hasta treinta y seis tiempos, pero en la cultura occidental el pueblo llano canta y baila en ritmos mas simples: valses, polcas, jotas, fandangos y sevillanas, en ritmo ternario, o blues, tangos, música pop o rock, en ritmo binario.

El origen de los compases de doce tiempos y su utilización en los primitivos estilos flamencos, carece importancia, mas allá de su interés histórico. El hecho que concierne a nuestro estudio es el empleo sistemátco de la fórmula: 2/4.2/4.2/4.-3/4.3/4. (tonás, deblas, martinetes, livianas, carceleras, seguiriyas, serranas…) y de la misma fórmula de doce tiempos invirtiendo el orden: 3/4.3/4.-2/4.2/4.2/4. ( soleares, bulerías, jaleos, romances, alboreás, cantiñas, alegrías…).

MANUEL TORRE

 “Aquí había un señorito que le gustaba mucho el cante, Don Felipe Murube, un tio con mucho dinero y reunía a todos los que había: Manuel Torre, Chacón, la Niña de los Peines… En fin, entraba Manuel Torre y Don Felipe no quería que nadie le hablara a Manuel. Empezaban a cantar. Don Felipe se traia a la Macarrona, la Malena… lo que armaba ese tío… Mandaba a pedir el vino por medias docenas de cajas de NPU, que bebía. Lo que valía una caja de NPU, decían que valía un duro, pero bueno, todo era relativo… 

Ya está. Canta Manuel como un perro. Cantaban tós, unos mejor, otros peor, pero tós regular y algunos bien. Cantaba otra vez ¡Ah! …empezaba a hacer una cosa, una cosa que hacía, chiquilla, con la nariz y la garganta… hasta que le tenía que decir Don Felipe: pero, bueno, Manuel, ¿y eso que tu haces que es?…

¡ que te vayas de aquí!, decía Manuel, y lo echaba. Lo echó una vez… pero echao. Lo mandó a llamar una vez, otra vez. ¡Dile a Don Felipe que se vaya con sus muertos! Pero un día le dice Don Felipe a Chacón: Antonio yo quiero que tu me traigas a Manuel (Torre) porque quiero oirlo cantar. Si, necesito tal día… Porque ya lo había mandado a llamar en dos o tres ocasiones y no había ido. Y Chacón hacía muchas carreras detrás de Manuel, ojú… En coches de caballos, que entonces ná más había coches de caballos. ¡A Las Lumbreras a por él¡ tó el día en Las Lumbreras… Total que viene. Cuando entra se levanta Don Felipe. Se sienta, y antes de sentarse le dice: el que más bien canta en el mundo soy yo, le den por el culo a tós los gaches que hay en España y usté es un gachó de malas grandes, por eso no le canto a usté. Pero le voy a cantá al gachó zapatero, ¡digo¡ a Chacón diciéndole gachó zapatero, como si fuera una mierda. ¡digo¡ pa que este gachó zapatero sepa cantar. Chacón empezó a reirse porque lo que quería era eso, que se pusiera así… Dice don Felipe: canta tu, Pareja. Un cantaó que había aquí que le llamaban Parejilla. Cantaba bien. Cantaba malagueñas, que era lo que se cantaba entonces. Luego Chacón le dice a Pastora: canta tu, Pastora. Entonces Pastora no cantaba ná más que por tangos y peteneras. Y cuando acaba de cantar, estaban tocando Javier Molina y Habichuela, le dice a Javier Molina: Javier, coge tu la guitarra y tu hazme son, que este gachó zapatero va a ir a coger zapatos ya mismo, cago en diez. ¡Que autoridad, Diego de mi alma, que autoridad! Don Felipe empezó a tirar tos los tiestos por el balcón a la Plaza Nueva. Tos los tiestos los tiró por el balcón. Las mujeres se rompieron. La Malena… Pero ahora aguántalo tu aguando la fiesta. Venga a hablarle a tos los ingleses de galgos. Y si cantaba, cantaba como un perro.Yo bebí mucho vino con él. Me emborraché mucho. Yo le daba en un flaco, lo conocía y lo entonaba.

Un año fuimos a Palos de Moguer, a una fiesta con don Pedro Pérez de Guzman. Mi tio, Joaquin el de la Paula, Manuel Torre y yo. Estuvimos seis días. ¿Tu viste el retrato que le di yo a Ricardo, ese muchacho abagao?… Y una noche y otra noche, y cuando le parecía: Juanito, vamos a acostarnos. Aquella casa era… allí había muchas habitaciones, había una bodega y allí nos emborrachamos, cantábamos… en fin, una fiesta de esas de tres o cuatro días. Y yo le digo a Manuel: chiquillo esto es una vergüenza. Y él con el resfriao y una cosa mu rara que hacía con la garganta. Y yo, chiquillo, ¿pero pa que has venío?, no vés que esto no puede ser así. Bueno, deja ahí solo a Joaquín – allí tenía muchos partidarios Joaquín el de la Paula – y a Joaquín lo mataron.

Van a enseñarle, por la mañana –eso a los tres días- La Rábida a Joaquín. Y van tos a enseñarle de onde salió Colón pa America, y eso… El Gobernador Civil, que es el único que se quedó en la cama. Don Luciano, con una gorrita, el Gobernador de Huelva. Y yo me había acostao mu tarde, pa no dejar solo a Joaquín. Pa yo cantar unas cuantas veces… y me da una voz, de esas que daba él: ¡Juanito! Unas voces mu raras. Igual que la voz que tenía, porque tenía unos sonidos como nadie, que por eso era el mejor cantaor. Parecía que tenía electricidad en la voz. Cuando salía templando no se podía aguantar. Bueno, ahora yo me siento en la cama: ¡joé que me has asustao!. Estaba él lavandose o afeitandose. Había una ventanita que daba al mar… Dice: Juanito, si tu hubieras oido cantar a mi tio Joaquín La Cherna… Y dije yo pa mi ¡Ya está!. Si tu hubieras oido cantar a mi tío Joaquín La Cherna. Cago en Dios ¡como era! Que cosas hacía. Se queda callao. Se pinaba mucho. Se llevaba mucho tiempo pa peinarse. Era mu presumío… Que gracioso, Juan. Y se hace un cachito, otro cachito…Cuando lo oye el Gobernador viene con una jarra, pero no una jarra de cristal sino con una de esas grandes que hay en las bodegas, con un vino anaranjao… Aquello estaba ni bueno ni ná, pero yo me hecho abajo de la cama mientras él estaba haciendo cachos de cante. Coge la lata – yo no quería vino ni ná, porque yo me acababa de levantar – y cojo, lo pruebo y digo: Ay, Manué de mi arma ¿Por qué no nos habrán dao este vino? Madre mía, esto quita el sentío ¡por mi padre! Y lo prueba ¡ay madre mía de mis entrañas! Me cago en los muertos. Y el Gobernador matao…

Malas puñalás le den a don Pedro Perez de Guzmán. Total, sigue… ¿y lo que hacía mi tio Curro Durse? Pero vaya un cante, tan corto, tan dulce, tan bueno… !Toma Manuel! que está mu bueno. Yo bebía tambien sin querer, pero bebía. A las tres de la tarde entrando gente de La Rábida, con Joaquín, y se quedaron tos en el portón, en el portal aquel .Un salón corrío. Imagínate el señorito las fiestas que daba allí. Y dice mi tio Joaquín: ¡Verás lo que va a pasar aquí ahora! Se sienta y empieza a cantar. Un cante. Otro cante. Un cante por soleá fuerte. Un cante que cantaba él de La Andonda… “Metio en cañaverales…” Una cosa que hacía él, y luego le pagaba un zumbio pa arriba…

Estaban sentaos tos, acongestionaos, porque acongestionaba a la gente. Los ponía a tos… ¡coño! Los hipnotizaba. Yo no se que hacía. Parecía que tenía electricidad ¡coño! Electrizaba a la gente.

El médico del Puerto Marítimo era de Cádiz y estuvo unos días antes en otra fiesta con Chacón decía: Señores cuando estábamos oyendo aquí, en este mismo salón a Chacón ¿Teníais en el cuerpo lo que tenéis ahora mismo? No hablemos de eso, dijo el Gobernador. Este no se parece a nadie. Era un cantaó de inspiración, diferente a tos, sin salirse de la música ¡claro! La música la misma porque en los cantes grandes no puede salirse uno de la música. Le puedes poner muchas cosas, muchos bajos, muchos altos, muchas variaciones, pero al ritmo… porque cuando dejes el ritmo, pués ya no es. Mairena hace unas cosas que dice uno ¿esto que es?… una cosa horrorosa. Nada, era lo más deficiente que hay.Cantaba por saetas mejor que nadie, cantaba por tó, y cantaba más malamente que tó el mundo. 

Pero dicho esto, esto, a los gitanos de Triana los echaron de su barrio en 1749. Y los echaron como los iban a echar de España. Vamos, no tenían ley ni nada, ni apellidos ni nada. Fueron una tribu errante y acamparon en Triana.Y en Triana eran caldereros, herreros, carniceros… En fín, los iban a echar por Cádiz, y ¡claro! entre Jerez y El Puerto acampan. Luego va una orden, un decreto, y los nacionaliza a todos, los hacen a todos españoles. Como no estaban bautizados ni nada, pos los grandes señores fueron los padrinos de tos y les ponían los apellidos de ellos mismos, de los grandes esos, por eso hay tantos de Vargas y tantos de los Reyes y tantas cosas de esas. Bueno, pero me refiero al cante. Por eso había tantos gitanos de Triana en Jerez. Claro, muchos se volvieron a Triana, pero otros se quedaron por ahí, y se partieron por Utrera, Lebrija, Alcalá. En fín, se partieron por ahí. 

Extracto del libro «Enseñanzas de Don Juan Talega» de Ricardo Pachón

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