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Flamenco y folclore andaluz

09 / 13 / 2017

En los tiempos que corren la confusión entre el arte flamenco y el folclore andaluz ha llegado a niveles tan altos que no estaría mal empezar a desbrozar esas confusas lindes que los separan. Para ello vamos a retomar el discurso clarividente de los folkloristas Demófilo y Rodríguez Marín. Para D. Antonio Machado y Álvarez, “Demófilo”, que ya a finales del siglo XIX se quejaba de lo difícil que era escuchar un cante por seguiriyas, el flamenco acabaría por “agachonarse” (de gachó, no payo que es palabra despectiva en boca de un gitano). Por las mismas fechas D. Francisco Rodríguez Marín predecía que el folclore andaluz acabaría por “aflamencarse”.

Sería difícil encontrar unos juicios más certeros para definir el proceso de ósmosis permanente en el que interactúan los primitivos estilos flamencos, construidos en un ritmo alterno de doce tiempos (desde la toná a la bulería), con el folklore andaluz, basado en ritmos binarios o ternarios ( desde el fandango a los verdiales) que rodea la marca flamenca.

El territorio flamenco:

 Parece muy probable que el primer asentamiento estable de gitanos en Andalucía tuvo lugar en el arrabal de Triana, a finales del siglo XV. Eran clanes de herreros que aportaban una técnica tan desconocida como necesaria en unos tiempos de guerras permanentes. Calzaban las caballerías, fabricaban las ruedas de los carros, las balas de la artillería y atendían al reposo del guerrero. Los famosos catorce clanes de herreros trianeros (Vargas, Vega, Lería, Filigrana, García…etc.) han perdurado hasta nuestros días. Han conservado una moderada endogamia y han superado el etnocentrismo que conservan sus primos andarríos para los que los gachés estamos fuera de la Humanidad. Aunque en franca decadencia, desde la invención de la fundición, consiguieron reciclarse en toreros o flamencos, como los Cagancho o los Pelaos, hasta que fueron expulsados de Triana en 1957, como consecuencia de la mas miserable especulación urbanística que terminó con cinco siglos de fecunda convivencia. A partir de esa fecha Triana perdió, para siempre, su gitanería y su “swing” flamenco. El cetro pasó a Jerez.

Mapa Territorio Flamenco

 

Pero volvamos un poco en el tiempo. El “Libro de la Gitanería de Triana” escrito por Jerónimo de Alba y Dieguez, en 1740, quizás contenga las referencias más antiguas sobre los bailes de los gitanos trianeros: el “mandingoy”, el “cumbé”, el “guineano” y la “zarabanda”, esta última perseguida por el Padre Mariana y prohibida por Felipe II el tres de Agosto de 1583, so pena de doscientos azotes, seis años de galeras, para los hombres y pena de destierro para las mujeres Como vemos ninguna referencia al corpus de estilos flamencos actual y consolidado por la Historia.

Tendríamos que esperar otro siglo para que Estébanez Calderón en “Un baile en Triana” (1850) nos hablara de las playeras ( antigüa denominación de las seguiriyas gitanas) y nos presentase a dos colegas: Francisco Ortega “ El Fillo” y “El Planeta” que algo tienen que ver con el nacimiento del flamenco, aunque un eximio autor malagueño reivindique el puesto de primer cantaó flamenco de la Historia para el interprete de verdiales Junquito de Comares.

Por supuesto que existe una teoría centrífuga del flamenco que sitúa a Triana en el epicentro del sistema y que está ampliamente argumentada y documentada en “Las enseñanzas de Don Juan Talega”. Esta teoría conforma un territorio flamenco, entre Sevilla y Cádiz, pasando por Alcalá, Utrera, Lebrija, Jerez, los Puertos…. hasta Cádiz. El límite norte del territorio lo marcaría un dicho flamenco: “Del pino la joroba patrás” en alusión a un pino jorobado que aún existe entre Sevilla y Carmona. El límite occidental lo establece el río Guadalquivir, que lo separa de Huelva, provincia tan rica en folclore que en El Alonso, al que canta mal por fandangos, le dicen que canta “aflamencao”. ¿Más claro?. Los límites al sur y al oeste cabalgarían por la elástica línea de los pueblos con apellidos de frontera: Morón, Arcos, Jerez, Jimena, Chiclana…

En 1749 se produce la mayor de las persecuciones de gitanos de la Historia de España. En Triana fue particularmente cruenta como lo recuerdan aún algunas tonás del barrio:

 

“Los geres, por las esquinas,

con velones y farol,

decían por toa Triana

¡mararlo que es calorró! (matadlo que es gitano)

 

Las gitanas fueron conducidas, en carros, hasta Carmona, que era entonces ciudad amurallada, y separadas de sus maridos e hijos varones mayores de diez años. Los hombres fueron conducidos andando hasta la bahía de Cádiz y condenados a trabajar en los astilleros de El Puerto de Santa María, o a remar en galeras. El librero sevillano Antonio Castro conserva una libreta de bancadas de remeros con nombres, apellidos y delitos: desertor, ladrón asesino o gitano. En esa galera remaba un antepasado de Camarón, un tal Monge, de Jerez.

Esta diáspora pudo ocasionar la formación de nuevas gitanerías en las cuevas del castillo de Alcalá, en las fraguas de Morón, en trabajos de matarifes y carniceros de Utrera y Lebrija y muy especialmente entre Jerez y Cádiz donde tomaron asiento las familias de los condenados a galeras.

En ese pequeño territorio aparecen los estilos básicos del flamenco, todos construidos en un ritmo alterno (compás de amalgama) de doce tiempos que combina dos compases ternarios de 3/4 con tres compases binarios de 2/4. Cantes monódicos sin acompañamiento como las tonas, debla, carceleras, martinetes y tona-liviana y cantes con acompañamiento de guitarra, baile y palmas: seguiriyas, soleares, cantiñas, romances, jaleos, alegrías, bulerías, alboreas…

Tambíen en este territorio, con algunas importantes excepciones, nacieron los creadores y difusores de los estilos flamencos, desde El Fillo a Camarón, pasando por Manuel Torre, la Niña de los Peines, Tomas Pavón, el Gloria, Tio José de Paula, Tomas el Nitri, Manuel Cagancho, Juan el Pelao, Enrique el Mellizo y una larga lista que llega hasta nuestros días.

Este flamenco es hoy una categoría universal de la música, como el blues o el rock. Cantar, bailar, tocar la guitarra o hacer palmas en doce tiempos es una disciplina muy difícil solo dominada por los profesionales de este arte. Una música, técnicamente, por encima de cualquier folclore, se llame sardana, muñeira, jota, verdiales o sevillanas, y ante la que se rindieron los clásicos como Falla y los jazzmen como Miles David.

En una encuesta sobre el folclore musical andaluz realizada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, sobre los ochocientos municipios de nuestra Comunidad, queda bien patente la riqueza folclórica de las provincias de Málaga, Granada, Jaén, Córdoba, Almería y Huelva y la pobreza de estilos folclóricos en las provincias de Sevilla y Cádiz, en las que la presencia del flamenco ha contribuido a eclipsarlos.

Pensemos solo en dos provincias orientales. El folclore de Málaga está impregnado por el omnipresente fandango que cruza toda la geografía andaluza: fandango de Alfarnate, de Alozaina, de Antequera, de Casares, de Vélez-Málaga, de Estepona, de Míjas, de Archidona, de Cómpeta, de Tolox …. Y por otro lado las verdiales, en ritmo ternario bailable y con instrumentación oriental: crótalos, violines, bandurrias, guitarras y rascadores. Verdiales de Algarrobo, de Almachar, verdiales de toque rápido de Almogía, de Álora, de Ardales o de Comares. Muchas de estas pandas de verdiales tuve el honor de grabarlas en la peña Juan Breva, de la mano de mi gran amigo Pepe Luque Navajas.

Para completar el panorama folclórico de Málaga no quiero olvidarme de las auroreras de la Sierra de Ronda, del abandolao, del Zangano de Cortes de la Frontera, de las Rondeñas Serranas y Rondeñas Malagueñas, de Ronda o de los cantes y bailes de la vendimia en el Barranco de Huit.

De todo este ingente material folclórico solo se ha “aflamencado” un cante, pese a los temores de Rodríguez Marín: la malagueña. Este cante, derivado de los verdiales bailables en ¾, se convierte en cante libre en la época de los Cafés Cantantes y pudo ser adaptación del genial gaditano Enrique el Mellizo. Tuvo sus principales intérpretes en cantaores gachés: El Canario, Juan Breva, La Trini y Chacón.

En Granada tampoco se registran muchas aportaciones del Folclore al flamenco. La mas conocida es la actual granaína, derivada, también de un fandango bailable: el fandango granaíno que llevó a lo mas alto Frasquito Yerbabuena, personaje de indudable calidad musical pero que no se merece la leyenda con la que termina un libro sobre El Flamenco en Granada: “ Se murió Frasquito Yerbabuena y se llevó las llaves del cante flamenco” …

La granaína, con el nombre de “garnata” se conserva intacta en las escuelas de Música Andalusí de Chauen y Fez. La gran aportación de Granada a los estilos flamencos vendrá da la mano de las zambras, tangos y algunos bailes de los gitanos del Sacromonte. Pura morería en la que los gitanos entraron en las mismas cuevas de los moros.

A destacar en el resto de la provincia el fandango alpujarreño de Albondón, el fandango de Almuñecar, de Alquife, de Baza, de Caniles, de Cullar, de Galera, de Gor, de Huescar, de Loja, de Cubillas, de Zujar o del Llano de Zafarraya. Sin olvidar el Robao, el Trovo y las Mudanzas de Albuñol, los Quintines de Arenas del Rey, las seguidillas de Baza, de Castillejar, de Cullar-Baza, de Galera o de Huescar.

Para no abrumar al lector con la ingente lista de estilos folclóricos de estas tierras andaluzas quisiera terminar recordando que en Córdoba solo existe un estilo de soleá, la llamada soleá de Onofre, que no el más de una soleá de Triana, la de Ramón el Ollero. Del impresionante folclore de Jaén solo se han aflamencado las tarantas de Linares, lo mismo que los cantes mineros desde Almería a Cartagena o los fandanguillos de Huelva.

Como era de esperar el folclore andaluz se ha impuesto sobre el flamenco en este conglomerado que actualmente la industria y el comercio discográfico denominan flamenco, siendo las modalidades folclóricas más del   gusto popular. Si analizamos la discografía flamenca de pizarra (de 1890 hasta 1956) los porcentajes (sobre un total de 2.373 temas grabados) de estilos son reveladores: Fandangos y derivados: fandanguillos, granainas, malagueñas, verdiales, jabera, rondeñas, tarantas, cartagenera, minera, murciana y levantisca   1.181(50%).Cantes Matrices: seguiriya, carcelera, martinetes 133 ( 6%). Soleares y derivados: alegrías, cantiñas, bulerías, mirabrás…386(16%). Americanos: guajira, rumba, milonga, colombiana, tangos…223 ( 9%).

Desde mi modesta posición de aficionado al flamenco, pediría más sensibilidad con este arte minoritario, profesional y difícil. Arte que se estudia y practica en todo el Mundo y que, para evitar confusiones, no debería cobijar bajo su paraguas tantas músicas populares andaluzas.

Sevilla, Abril de 2008

RICARDO PACHON

Descarga flamenco inédito

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