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El toque de Morón

Foto: Diego del Gastor, fiesta privada; Feria de Sevilla 1967; Photo © Steve Kahn

09 / 13 / 2017

FLAMENCO VIVO VOL. II – En un cuartito los tres. AUTOR: Tradicional. Adaptación de Ricardo Pachón.

Hace un par de veranos asistí al Festival de la Yerbabuena, en Las Cabezas de San Juan. Oficiaba, de presentador, el añorado crítico flamenco José Antonio Blázquez. Traje de alpaca impecable y un güisqui en la mano derecha. Empezó así su presentación: “ Buenas noches. Señoras y señores, tó el que no canta cuadrao es una misma mierda”. Fueron sus palabras textuales que hoy me tomo la libertad de transcribir de la cinta de vídeo que yo filmaba.

Como aficionado solo puedo opinar sobre el toque de Diego del Gastor, al que tuve la inmensa suerte de conocer. Pero mis ideas sobre su toque se han asentado tras años de escucha de muchas grabaciones en cuartitos de vino blanco y aceitunas. Los norteamericanos de la Base de Morón fueron, sin saberlo, los últimos señoritos andaluces. Ellos pagaban las fiestas y gracias a ellos podemos disponer de testimonios sonoros de aquellas veladas.

 

Diego del Gastor en una fiesta privada. Feria de Sevilla. 1967. © Steve Kahn

Si tuviera que definir el toque de Diego de un modo impresionista, diría que se trata de un fundamentalismo anárquico. Lo mismo era el “hombre-orquesta” que marcaba, inflexible, el ritmo alterno de la soleá (solo apto para cantaores “cuadraos”), que se pegaba piradas galácticas pasando de los tonos y los cánones.

Pero a Diego lo que le gustaba, de verdad, era acompañar el cante. Y acompañó a los mejores de su tiempo: Fernanda, Perrate, Juan Talega… Talega, en sus lecciones de cante flamenco, decía que Antonio Mairena no quería ver a Diego ni en pinturas. Porque Diego no esperaba a nadie en las plazoletas de la duda. Melchor le daba cuartelillo al maestro y se descuadraba con él.

El toque de Diego del Gastor tenía algo de “la prueba del algodón”. Tocaba perfectamente cuadrado en los doce tiempos del ritmo alterno gitano: seguiriya, soleá, bulerías… y el que supiera navegar por esas aguas disfrutaba acunado y protegido por esa orquesta de base. El que tenía dudas sobre estos difíciles cantes fundamentales lo tenía crudo con Diego: no esperaba a nadie ni maquillaba ningún desajuste. El toque de Diego era implacable, por eso los que sabían cantar disfrutaban con Diego y los que tenían dudas se quedaban con el culito afuera.

Por eso Diego no tuvo el reconocimiento de sus contemporáneos. Solo los cantaores que lo tenían muy claro, como Fernanda, peregrinaban, con júbilo, a esas reuniones de Morón, sin imaginar que las grabaciones que se hicieron pasarían a la Historia como el paradigma de la perfección flamenca. Es duro de digerir para tantos aficionados y profesionales que hoy viven del cante, pero en honor a Diego y a su toque sin trampas vamos a recordar, a modo de epitafio, el testamento de Blázquez: “Señoras y señores, tó el que no canta cuadrao es una misma mierda» 

Ricardo Pachón

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