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Camarón de la Isla en Utrera. Actuación inédita

Texto: Ricardo Pachón

05 / 11 / 2017

El valor máximo del flamenco es la improvisación. La complicidad. La celebración de la vida. La alegría….

Por ejemplo, en esta fiesta en Utrera, celebrada en 1984, los guitarristas Moraíto y Raimundo no se conocían de nada. Acababan de saludarse esa misma tarde y sin ensayo de ningún tipo, se colocaron a los dos lados de Camarón para acompañarlo en los cantes que se le ocurrían en ese momento…

Nada que ver con el flamenco-espectáculo donde todo está ensayado, cronometrado y supeditado a las exigencias de la producción.
Aquí vemos a un Camarón exultante de alegría. Seguro en el ritmo de los guitarristas y las palmas del entorno gitano de la fiesta.

 

 

 

 

Un recuerdo a Juan Ramón Jiménez:

“¡No le toques ya más,
que así es la rosa!”

El flamenco es un arte de comunicación circular. En esta reunión no hay espectadores, ni un guión de los cantes y bailes. Todo va surgiendo de la inspiración de los participantes y del ritmo anímico de la fiesta. Por eso Camarón está tan feliz y relajado. Canta lo que quiere y cuando quiere. No tiene más preocupación que la de disfrutar y compartir la bebida y la comida, ingredientes fundamentales de la fiesta. Como decía Fernanda de Utrera: “Yo pa cantá bien tengo que ver mucha comía alrededor. Aunque yo no coma”

Nos quedamos con la cara feliz de Camarón. Con su sonrisa contagiosa y con esa improvisada complicidad entre Moraíto y Raimundo.

Ricardo Pachón

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